Sigo con mis días de reflexión, más profunda que nunca.
No es más profunda porque esté más hundido o elevado.
Es porque cada reflexión anterior me sirve para tomar consciencia de cómo funcionan las cosas.
Vale, estarás pensando: ¿Qué le pasa a este, por qué no habla de algo concreto?
Bien…
Agárrate…
Que esto te puede hacer ver tu trabajo desde otra perspectiva totalmente nueva.
O no, pero no lo sabrás hasta que termine de explicártelo.
En el taller de una fábrica pasan muchas cosas.
Cada persona hace una parte del trabajo.
Hay tareas que están perfectamente planificadas, y otras son totalmente improvisadas.
Todas las fábricas tienen los dos tipos.
Todas las fábricas, y casi cualquier tipo de negocio.
La diferencia entre una fábrica de alto nivel, y un taller donde todo es caos y desorden, la diferencia suele estar en el nivel de tareas planificadas en relación con las improvisadas.
Es decir…
Cuando todo el mundo está preparado y sabe lo que tiene que hacer, respecto a “bueno, a ver qué nos encontramos”.
Ojo!!
Que no significa que absolutamente todo esté en un calendario, con los minutos y segundos asignados.
Incluso los bomberos, que cada caso es totalmente nuevo, se preparan constantemente.
Bien…
Quedan claros los dos escenarios ¿no?
Siempre se ve al responsable de mantenimiento dirigir la orquesta.
“Tú, encárgate del engrase de la envasadora 4”.
“Tú, revisa los niveles de la 8, y después cambia el caudalímetro de la 6, que llegó ayer”.
Es decir, el responsable es el que lleva la batuta.
Eso es lo habitual.
Y es donde funciona la mayoría de fábricas.
Excepto las más grandes, que tienen a varios responsables con distintos roles, y las más pequeñas, que con suerte tienen a una sola persona haciendo lo que puede.
Bien…
Tienes en mente al director de orquesta, marcando los tiempos a los músicos, que son los que hacen sonar la música.
Pues llega un momento, en el que parece que todo esto no es eficiente.
Aunque cada músico controla su instrumento y sigue el ritmo de la batuta.
Aunque el director sabe qué indicaciones dar, y el momento justo.
Parece que la música no acaba de sonar bien.
Las notas son las correctas, el compás está bien.
Pero parece música de lata, sin vida, no conecta.
Puedes añadir más músicos con más instrumentos, para enriquecer la armonía.
Pero falta algo.
No se trata de hacer la orquesta más grande.
Un gran músico lo llena todo con una guitarra o un piano.
¿Qué es lo que falla?
Pues aquí viene la reflexión potente.
El director de orquesta no es tan importante.
Es decir, debe estar, y debe hacer bien su trabajo.
Si no, la música se convierte en ruido.
La clave está en la composición.
Es decir, un tema musical debe estar bien hecho.
Seguro que has escuchado una misma canción interpretada por muchos grupos y orquestas.
Sigue siendo una gran obra, y es fácil conseguir un gran aplauso.
Pero si la canción es mala, ya puedes tener a la mejor banda y al mejor director.
Seguimos hablando de mantenimiento industrial, aunque no lo parezca.
Así que vamos a usar la metáfora musical para definir un sistema que funcione bien en cualquier tipo de empresa.
Un taller de mantenimiento debe tener:
– Un compositor, que es el creador del sistema que toda la orquesta deberá seguir.
– Un director, que es quien marcará el orden y el ritmo de los trabajos del taller, siguiendo el sistema.
– Técnicos (los músicos) que ejecuten los trabajos en el momento que indique el director.
Si hay muchos trabajos, habrá que tener una orquesta grande.
Técnicos especializados en un instrumento, que harán su parte a la perfección:

Si hay pocos trabajos, con un grupo pequeño será suficiente.
Cada músico se hará cargo de unos cuantos instrumentos:

Se ve claro.
Pero en las empresas que crecen, a veces no se sigue esta lógica.
Se empieza con un grupo pequeño.
Cada uno hace un poco de todo.
Uno empieza a tomar el rol de líder, de forma más o menos natural.
Y cuando el equipo crece, se reparten los instrumentos.
Llega un momento en el que la orquesta es enorme, pero no hay director.
O el que lideraba al principio, empieza a dirigir, cambiando sus instrumentos por la batuta.
Y también sigue componiendo, pero le cuesta orquestar para sacar el máximo partido a cada miembro del equipo.
Y quizás la persona que tocaba en un grupo de tres, ya no se siente cómoda en su nuevo rol.
La orquesta no suena bien, o hay conflictos internos.
¿Te suena?
Llegados a este punto, hay tres opciones:
– Los miembros del equipo tienen un don natural para adaptarse y sacar lo mejor de cada situación (grupos como Metallica o Mecano, que en grandes orquestas suenan perfectos).
– Se busca a alguien especializado (un compositor que cree el sistema a seguir, o un director que organice y planifique todo).
– Se desescala el proyecto (pasamos de la gran orquesta y nos quedamos siendo un grupo musical reducido).
La tercera opción es la que eligen muchas empresas, porque no encuentran, o ni siquera saben que necesitan, a esas personas clave para el proyecto.
Pero si la empresa crece, y el mantenimiento no, el problema también crece.
Porque puedes traer a un “artista invitado” (empresa externa) para una actuación puntual, pero esa persona tiene su propio proyecto, y no tendrá el mismo nivel de compromiso que si forma parte de la compañía.
Por eso, o te conviertes en un grupo de primera, como Mecano o Metallica, con todo el recorrido que eso requiere, o buscas a un productor que te de una obra compuesta y adaptada a tu grupo.
Y en eso sí que puedo ayudarte.
PD: Cuéntame tu caso si al leer esto te has sentido identificado. Quizás pueda ayudarte.


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